El futuro nos alcanzó: “en los tiempos del cambio la economía ya cambió”


















“Lo verdaderamente nuevo da miedo o maravilla” decía Cortázar. O ambas, se podría agregar hoy, décadas después. De lo que no hay duda, es que mucho antes aún de la pandemia el espíritu de los tiempos, el “zeitgeist” nos ha moldeado navegantes del cambio, en un viaje fascinante y alocado de innovación continua, sin rumbo claro ni mapas de referencia.

Queramos o no, eso nos coloca como exploradores, protagonistas y “mapmakers” de un momento clave, porque hoy tenemos la capacidad inédita de cambiar en serio el mundo en un par de generaciones, y ante lo cual son tan grandes las amenazas como las oportunidades. Entonces, como señala Ma. Emilia Correa, “no podemos seguir pensando el futuro como algo lejano”. El futuro no es tema de quienes nos sigan y “ya verán que hacer con él”, ni algo que sólo (nos) sucede. Es una construcción colectiva, cotidiana, continua. De nosotros depende. En los tiempos del cambio exponencial eso se está definiendo aquí/ahora, y hay demasiadas cosas -demasiado importantes- que no pueden esperar, pero para las cuales no hay una segunda oportunidad. Deterioro ambiental, urbanización exponencial, brecha social, transformación digital y tras ella, el rediseño de los ámbitos más diversos dentro de esta nueva normalidad “Phygital” dirían unos, lo “HumanOffOn” según otros. Trabajo, educación, salud; nuevos modos de habitar, de viajar y vincularnos, de producción y gestión, otra economía… Y aquí cabe detenernos, porque no es que “la economía va a cambiar”. Aunque de esto casi no se habla, en los tiempos del cambio la economía ya cambió. Es otra; y si no lo vemos estaremos queriendo gestionar realidades nuevas, con herramientas y modelos mentales viejos. Otra economía Tradicionalmente la economía es definida como la “ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas mediante el empleo de bienes escasos”. Acumulando distorsiones, con el tiempo fuimos olvidando sin embargo, que se trataba de responder a las necesidades humanas de todos (inclusión, equidad), de hoy y mañana (sustentabilidad).


Con la mirada seteada en un tiempo que ya fue, nos cuesta ver que hace más de veinte años hay un proceso de cambio profundo en marcha. En la economía clásica el valor se basó siempre en lo material y en la noción base de la escasez, de monedas y bienes; pero hoy la creatividad, los datos, el conocimiento, los fundamentos de la economía más potente son intangibles. Y en lugar de agotarse con el uso se multiplican en dinámicas de red donde las lógicas de la interacción superan a la concentración como claves para la creación de valor. En esta realidad dual, esa economía de escasez y equilibrio (balances) convive con otra de abundancia (de datos e información) y el desequilibrio continuo de la sinergia creativa, la multiplicación del conocimiento y la innovación. Una economía de flujos antes que de stocks, donde las curvas tradicionales de oferta y demanda se alteran, los costos marginales tienden a cero, y tanto los modelos de negocios como los actores mismos deben reinventarse.


Desde el principio de la historia, somos en red; y cada vez más. La clave para construir respuestas exponenciales al cambio exponencial, pasa por la dinámica de las economías colaborativas; por hackear las lógicas de la vieja economía para redefinirlas en línea a las necesidades reales de la gente real. Sólo eso nos permitirá a cada quien rediseñar nuestros modelos, nuestra actividad y aun los sectores completos, para dar respuestas ciertas al desafío de los tiempos.

Marcelo Satulovsky

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