Edificios industriales que se reinventan como oficinas

Sobre Dorrego al 800, un edificio que supo ser una fábrica textil y depósito hoy exhibe un mural colorido. Este es solo un ejemplo -tal vez el más vistoso- de otras estructuras de su tipo cuyos propietarios decidieron lanzarse al mercado inmobiliario.

Los motivos son varios. Suelen estar ubicados en barrios como Saavedra, Chacarita, Villa Crespo, Parque Patricios, Palermo y Barracas, con muy buenos accesos y transporte público. Están en buenas condiciones o requieren de una adecuación (que hoy se hace posible con la baja en dólares del costo de la construcción) y cuentan con buenas dimensiones de plantas libres. Además, existe una demanda de profesionales y empresas, que en este periodo están achicándose o ajustándose. Son “oportunidades”, según explica Mariana Stange, especialista en real estate corporativo. “Para dar un ejemplo, en Catalinas, las oficinas AAA cuestan entre 25 y 30 US$/m2. Estos edificios ‘resilientes’, como los llamo, son A pero de muy buenas características, excelente ubicación y con valores entre 15 y 22 US$/m2”.


Para Stange, existe una tendencia que demuestra que es una oferta consolidada. Por caso, en su cartera cuenta con Hornos 256 (exfábrica de Hesperidina), Lavardén 567 (la imprenta donde se hacía Patoruzú) y Azara 841 (exAlpargatas), entre otros. La especialista explica que desde el inicio de la cuarentena las ideas sobre lo que serían los espacios de trabajo fueron cambiando. “Al principio, se pensaba que nadie volvería a las oficinas y que nos quedaríamos haciendo home office. En ese entonces, se creía que las empresas tenderían a achicarse. Con el paso del tiempo, nos fuimos dando cuenta que nos es imprescindible el contacto con nuestros compañeros e incluso hay estudios que sostienen que las reuniones cara a cara son más productivas que a través de internet”. Así es como se fue perfilando una idea que busca reunir lo mejor de cada situación: lo positivo de no perder tiempo en viaje al trabajo y lo imprescindible que es la comunicación no mediada. Para esto, ya existe un producto y es lo que se denomina “edificio satélite”, al que muchas de las viejas estructuras fabriles se adaptan a la perfección. “Son espacios más reducidos, más baratos, muy bien ubicados y que actúan como puntos de encuentro. Lo ideal es que estén situados a 15 minutos a pie de los hogares de los empleados, de comercios y servicios.


Por ejemplo, una empresa puede optar por albergar a su gerencia y las salas de encuentro con sus clientes en oficinas convencionales, mientras que el resto de los trabajadores cumple sus tareas a pasos de su casa y en un sitio con todas las comodidades”. Esto es una realidad en Europa y Estados Unidos. Por su puesto, no todas las ex-estructuras fabriles son útiles a este fin. Otras, como el caso de Dorrego, fueron pensadas por su propietario como un espacio de coworking. En este caso, decidió ambientarlo como tal y darle un plus con un mural del artista Julián Manzelli, que le da un aire más joven y desestructurado. Sin embargo, al tiempo cambió de opinión y abrió la posibilidad de alquiler en bloque “llave en mano” para empresas que se ajusten al perfil del Distrito Audiovisual. En Dorrego fue necesaria una remodelación, pero según cuenta Stange, tiene propiedades en oferta en la que los dueños han dejado hasta los muebles. “Les resulta más barato irse y dejar el mobiliario que mudarse con todo”. Y cita como ejemplo la fábrica de Hesperidina, en donde aún se encuentran los toneles del subsuelo. Un elemento que aporta mística e identidad a las empresas que están en proceso de transformación en esta nueva etapa.


Fuente: Clarin


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