Crece la demanda de edificios premium con bajas expensas

Belisario Balestra, socio de Löwe, explica cómo logró incrementar su producción a 13.300 m2 en pocos años.


Löwe (se pronuncia “Lov”) es una empresa creada por Belisario Balestra, Federico Villambrosa y Luciano Capaciolli en 2016. Su primer proyecto se inició con la ayuda de lo que ellos definen “friends and family”. A partir de entonces, fueron creciendo hasta tener un nombre propio en el segmento de mayor poder adquisitivo. En diálogo con ARQ, explica estos pasos.


¿Qué los llevó a asociarse y fundar una desarrolladora?

Yo vengo del mercado inmobiliario, especialmente de la venta de terrenos en Vicente López y Federico venía de navegar por el mundo (fue miembro del Equipo Argentino de Vela). Él decidió volver a la Argentina y me dijo de hacer algo. A su vez, los dos tenemos un amigo en común que es socio del estudio de arquitectura Alric-Galíndez. Siempre quise pasarme al desarrollo, surgió esta oportunidad de comprar el lote juntos y salimos con la desarrolladora.

Lumen Bajo belgrano, desarrollado por Löwe y diseñado por Alric - Galíndez

¿Qué vieron en el mercado para pensar que construir era un negocio viable?

Lo que veníamos viendo es que todos los proyectos de buena calidad generalmente venían con mucho gasto. Por lo tanto, nosotros pensamos un esquema donde el departamento esté bien ubicado, tenga mucha calidad, que tenga un estatus elevado, pero que las expensas y los costos de mantenimiento sean bajos. Para esto implementamos una serie de medidas sustentables, como paneles solares y muchas otras más. Notamos que había un faltante muy grande en el mercado de proyectos medianos con expensas bajas, para gente que no quiere pagar 40 mil pesos por vivir en su propio departamento.


¿El primer proyecto fue “friends and family”?

Fue con plata propia. Yo puse mi capital, a Federico lo ayudaron y también hubo bastante de amigos y familia para apoyar el comienzo de obra. Pero al ser al río, no habíamos arrancado que ya teníamos todo el proyecto vendido. Una locura. En seis meses vendimos todas las unidades.


¿Qué aprendieron de este primer emprendimiento?

Nos enseñó que lo que más importa es la ubicación y la calidad del proyecto. A partir de ahí buscamos que estén muy bien ubicados y con vistas abiertas. Esto es lo que más busca la gente, poder ver, no tener una vista tapada por un edificio enfrente.


¿Encuentran lotes aptos a un precio adecuado?

Justo después del cambio de código salimos a buscar tierras por la calle Migueletes, en donde antes había algunas restricciones. Encontramos y compramos a un precio recontra accesible para lo que es la zona. Hoy podemos vender muy positivamente en el mercado, a un promedio de 3.500 US$/m2.


¿Hacen intercambio de metros por tierra?

Por ahora pagamos con capital propio porque conseguimos muy buenos precios pagando en dólares. Obviamente, si aparece alguien con una oferta estamos para escuchar y alguna vez podemos hacer cambio de metros, pero la realidad es que nos rinde más pagarlo que tenerlo al dueño adentro del negocio.

¿Qué cambió con la pandemia?

– Ahora se valora mucho el bienestar, se busca más balcón, donde puedas tener tu huerta, tu espacio al aire libre, antes que tener un cuarto más amplio. Por suerte, desde nuestro primer proyecto tratamos de integrar los espacios abiertos a la vida cotidiana de las personas. Más balcón, más verde, más aire.


Fuente: Clarín

10 vistas