Construcción: un refugio para ahorristas conservadores

La construcción siempre es negocio. Un negocio de baja rentabilidad que da frutos a mediano y largo plazo, pero que es extremadamente seguro. Estas características son las que hacen del “ladrillo” el clásico refugio de los ahorristas conservadores. Y hay miles de ahorristas conservadores. Sumemos a las ventajas de esta actividad que en condiciones como las actuales, después de una fuerte devaluación, los costos de construcción medidos en dólares resultan baratos comparados con los de otras épocas.


Con menos dólares se hacen más metros cuadrados que al final se venden en dólares, a valor inmobiliario, a un precio que casi no varía en el tiempo (cuando no, aumenta). Pero ¿Quiénes son los inversores potenciales en nuevos desarrollos inmobiliarios hoy en la Argentina? Particulares y empresas que obtienen dividendos en pesos y, al pasarlos a metros cuadrados de construcción, los convierten en dólares a futuro. Esos son los primeros interesados en invertir en obras en el pozo porque, además de dolarizar sus activos, entran con valores al costo y, en el transcurso de la obra, tienen la oportunidad de vender su participación haciendo una interesante ganancia y, sobre todo, rápida. Más rápida que la espera a la finalización del edificio. Este beneficio extra puede suceder porque entraron barato o porque el valor de venta futuro se incrementó.


Además, el mes pasado, el Congreso Nacional aprobó una ley que promueve el blanqueo de capitales destinados a obras privadas nuevas y el diferimiento en el pago de impuestos. El blanqueo consiste en que las personas físicas y las sociedades que declaren la tenencia de dinero en el país o en el exterior y lo inviertan en construcción, pagan solo un impuesto especial que va del 5 al 20% según en qué momento hagan su declaración a los dos meses siguientes a la sanción efectiva de la ley. En cuanto a las exenciones impositivas, en el caso de Bienes Personales, los particulares podrán computar un porcentaje de inversión en obras en el pozo como pago a cuenta de este tributo.


Además, la norma habilita el diferimiento del pago del impuesto a la Transferencias de Inmuebles de Personas Físicas y del impuesto a las Ganancias para el caso de personas jurídicas. La ley también menciona la liberación del pago de los impuestos sobre Ganancias, el IVA, a las Ganancias por Salidas no Documentadas y a los Débitos y Créditos Bancarios, entre otros. Esta norma alienta las inversiones en el pozo y aumenta las razones para que se sumen más interesados al negocio de construcción.


Lo que no existe en la Argentina actual es el comprador final, el que se hace de un departamento para vivir en él. Por eso es que el mercado inmobiliario está parado, planchado, muerto. No hay créditos y si los hubiera el salario no alcanzaría para pagarlos, no hay expectativas de mejoría económica inmediata y nadie quiere mover un dólar si los guardó o si los recibirá en algún momento. Todo porque piensa que todavía puede sobrevenir otra devaluación mayor. A eso se le llama expectativas. Y las expectativas de ese tipo no son buenas para el mercado inmobiliario de hoy, pero sí para la construcción y el mercado inmobiliario de mañana. Un mañana de mayor estabilidad y con precios de venta en ascenso.


La pregunta es si solo inversores interesados en dolarizar sus ganancias o ahorrar en ladrillos alcanza para sostener la actividad de la construcción tonificada y ascendente. Y la respuesta es sí, por supuesto, así lo demuestran la enorme cantidad de departamentos vacíos que existen en la ciudad de Buenos Aires. Son el resguardo de valor de cientos de inversores que no encuentran algo más fiable que tener metros cuadrados vacíos, aun cuando convertirlos en dólares sea relativamente difícil hoy con un mercado inmobiliario semiparalizado.


¿Hay un escenario mejor para la industria de la construcción? Claro, el de un mercado inmobiliario activo, con créditos hipotecarios en condición de ser pagados por el salario medio de la economía y con costos de construcción en baja por aumento de productividad. Ese sería un panorama soñado, un paisaje de saludable mercado en ebullición, abundante y en crecimiento. Se puede o no estar en el mundo de los negocios de la inversión inmobiliaria, pero es legendaria la capacidad reactivadora de la construcción para toda la economía y, sobre todo, para el empleo.


Fuente: Clarín

8 vistas