Éxodo porteño: cada vez más familias se mudan y arrancan de cero a más de 100km de la Ciudad

La pandemia está acelerando cambios de hábitos en muchos aspectos. Uno de ellos es el teletrabajo, que junto con la digitalización, están derribando el paradigma de vivir en grandes urbes porque allí hay más posibilidades de empleo, educación y esparcimiento. Las facilidades del trabajo remoto animan a muchas familias a mudarse en búsqueda de una mayor calidad de vida. También debido a las restricciones y falta de créditos, aumentan las permutas de departamentos en el centro por casas en zonas más alejadas. Desde que comenzó la pandemia, se registró un aumento de las búsquedas de propiedades en zonas retiradas de los centros urbanos, ya sea para alquilar o comprar. “A partir de junio crecieron 60% las búsquedas para alquiler y 51% para venta en el interior del país”, cuenta Federico Barni, Country Manager de Zonaprop. “Este año arrancaron más temprano las consultas por alquileres de temporada, y se extienden los plazos. Muchos están buscando casas en barrios cerrados, quintas o localidades cercanas a las grandes ciudades para instalarse cuanto antes, y quedarse por tres o cuatro meses, como una forma de probar un nuevo estilo de vida”, analiza.


Alejandro Bennazar, presidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina, coincide con el diagnóstico: “La crisis del coronavirus hizo que mucha gente que miraba hacia futuro la posibilidad de mudarse a lugares más tranquilos y con mejor calidad de vida, tome la decisión de hacerlo ahora. El alquiler se mueve más que la compra-venta por la incertidumbre y porque no hay créditos hipotecarios. Lo que está funcionando es la permuta de un departamento en la ciudad por una casa en un barrio cerrado, quinta o una ciudad en un rango de 100 kilómetros de CABA, como San Pedro”, ejemplifica. La mayoría de quienes consultan por propiedades en la periferia de la ciudad “buscan una mejor calidad de vida y la posibilidad de teletrabajar, pero quieren mantenerse lo suficientemente cerca para poder ir a la oficina o la empresa dos o tres veces por semana”, apunta Horacio Ludigliani, arquitecto y desarrollador. “Hay un rum rum relativo a empezar de cero en ciudades más tranquilas y con menor densidad de población. Son consultas por parte de jóvenes solteros dispuestos a probar suerte en localidades del interior o irse a Montevideo o a Miami. Pero hay pocas operaciones concretas”, destaca. “Donde sí tenemos lista de espera es para alquilar en quintas y barrios cerrados”.


Repoblamiento productivo

Tal vez la pandemia nos brinde la oportunidad de repensar la organización territorial del país. “Argentina tiene una enorme concentración poblacional en el eje de Córdoba, Rosario, Buenos Aires y La Plata. Una gran megalópolis donde vive el 40% de la población en una suerte de conurbano extendido, que concentra el 70% del flujo de bienes y servicios”, describe Jorge Calzoni, rector de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav), e integrante del Foro para el Día Después. “Hoy el 92% de la población argentina vive en ciudades, con una de las tasas más altas de urbanización del mundo, mientras gran parte de su extenso territorio está despoblado. Esto tiene razones históricas desde la creación del puerto en Buenos Aires, y consecuencias económicas y sociales como la concentración de la riqueza y la enorme desigualdad. Los problemas de esto los hemos visto agravados desde la pandemia: hay zonas donde se vive con tal hacinamiento, que es imposible guardar la distancia social”, remarca.


Ante este desafío, desde la Universidad y otras organizaciones están diseñando algunos planes de acción, como se hicieron en Europa, para repoblar zonas rurales cuyos habitantes más jóvenes se habían ido. “Debemos pensar en zonas productivas y eco-sustentables”, destaca el economista de Undav y también integrante del Foro para el Día Después, Walter Romero. No se trata de “ciudades dormitorio” o sólo para el ocio, sino “espacios donde se pongan en marcha establecimientos industriales que han cerrado, producción de alimentos y remediación ambiental. Porque el modelo de producir contaminando no va más”, sostiene. “Desde comienzos del siglo pasado, el flujo poblacional hacia las periferias de Buenos Aires, Córdoba y Rosario, fue incesante. Aún cuando a partir de 1976 se destruyó la industria y dejó de haber empleo. Con planificación se puede redireccionar ese flujo hacia otras zonas del país, que están despobladas y ofrecen oportunidades de producción y trabajo”, afirma.


De destino vacacional a lugar de residencia

En localidades turísticas de la Patagonia, como la zona de los Siete Lagos “hay una demanda enorme de gente que quiere alquilar, comprar o construir. Se están cerrando operaciones por internet en plena pandemia”, dice Aníbal Lening, arquitecto y desarrollador. Otro tanto ocurre en el Valle de Punilla y Calamuchita, en Córdoba, y en balnearios de la Costa bonaerense, especialmente Cariló, Pinamar y Villa Gesell. “Familias propietarias de casas para vacaciones o fin de semana empezaron a instalarse, por lo menos hasta que pase la pandemia. Hay muchas consultas para comprar, alquilar o permutar”, apunta Bennazar. “Después de tantos días de confinamiento y restricciones, la gente empieza a averiguar por espacios verdes y por la posibilidad de instalarse en la Costa Atlántica o en las sierras cordobesas”, comenta el desarrollador Sebastián Cantero. “También están los que quieren irse a vivir afuera. Hay países en los que el turismo cayó tanto que ofrecen visas de 180 días para que vayan extranjeros a trabajar”, afirma.


Uno de esos países es Georgia, una pequeña ex república de la Unión Soviética, sobre la costa del Mar Negro, que inició una activa campaña para captar “teletrabajadores extranjeros”. También la ciudad de Buenos Aires, salvando las distancias, saldrá a buscar estudiantes y profesionales del exterior con visas especiales y beneficios de residencia, según anunció el jefe de gobierno, porteño, Horacio Rodríguez Larreta, a fines de septiembre. “Tuvimos una primera ola de búsquedas de inmuebles en Uruguay”, cuenta Daniel Zampone, asesor inmobiliario, con casa central en Vicente López. “Entre las razones de los interesados, en su mayoría empresarios con hijos en edad escolar, estaban la incertidumbre económica y la inseguridad. Pero ante las dificultades para tramitar la residencia permanente y de montar una nueva logística para el desarrollo normal de sus compañías, tuvimos una segunda ronda de consultas sobre oportunidades en barrios cerrados del Gran Buenos Aires”, señala.


Fuente: La Nacion

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